Nacimiento y renacimiento de mujeres: la suave revolución

En el transcurso de eventos como crisis económicas, guerras o catástrofes climáticas, se manifiestan formas de sufrimiento psíquico que superan la experiencia del individuo, impactando a nivel colectivo y a las generaciones posteriores.  La velocidad con la que se pierden los hábitos e incluso los seres queridos es impactante y el dolor sigue perjudicando tanto a las víctimas como a sus descendientes.

La emergencia del coronavirus que acabamos de experimentar, y aún no contenida, ha desestabilizado la vida de todos nosotros en poco tiempo.  Nos dejó desconcertados y completamente desprevenidos para enfrentar la situación.  Pasamos del estrés individual a un fenómeno colectivo.

Lo que hemos perdido no son solo los afectos, sino también una parte de la identidad.  En este punto, los roles de la memoria y la conmemoración son fundamentales para ayudar a los sobrevivientes a recomponer la experiencia rota y a las poblaciones afectadas a integrar los traumas que han sufrido a lo largo de la historia en su identidad colectiva.

La viróloga Ilaria Capua, directora del One Health Center of Excellence de la Universidad de Florida, sostiene que en esta crisis un hecho que sorprende a quienes se dedican a la ciencia y la estadística es la resistencia de las mujeres al Covid 19. La relación con los hombres parece  ser de 8 a 2. La razón de esta semiinmunidad aún no está científicamente probada.  Puede ser que estén más predispuestos que los hombres a seguir escrupulosamente las reglas de higiene, puede ser que sean biológicamente menos sensibles al virus.  El caso es que, una vez más, la naturaleza muestra de qué están hechos.

Las mujeres son las figuras más capaces en la ardua tarea de armar nuestros fragmentos de vida.

Ellos -siempre considerados sujetos frágiles de la sociedad- demuestran una vez más que tienen la fuerza y ​​tenacidad para afrontar este momento de crisis y evolución trascendental.

Son el motor del cambio, empezando por la cultura, las escuelas y las universidades que son los sectores más expuestos a los riesgos de contagio, pero también son aquellos de los que comienza el renacimiento y la reconstrucción.

Los lugares de renacimiento son también nuestros Centros de Belleza, igualmente importantes para el cuidado de uno mismo, la propia salud y la propia identidad.  Es aquí donde las mujeres se recargan redescubriendo su belleza y bienestar con la valiosa ayuda de peluqueros y esteticistas.

De hecho, recordamos que la industria de la belleza es uno de los sectores más prósperos.  No hay crisis que hunda este valor.  La demanda constante de cosméticos persiste porque es una fórmula de felicidad.  Aquí es donde las mujeres obtienen alegría de vivir y energía: ¡sentirse hermosas!

La industria cosmética emplea a 36.000 personas, de las cuales el 54% son mujeres empleadas en el sector, un porcentaje realmente significativo.  Los egresados ​​son el 11% de los ocupados, frente a una media nacional del 6% y en este caso también destacan las mujeres, que constituyen el 45% de los egresados ​​del sector.

En el escenario de «consumo» de Belleza, alrededor del 76% es absorbido por el universo femenino, el 24% restante por el masculino.  Del «consumo» total de Belleza, el 80% de los servicios, herramientas y objetos son comprados por mujeres de forma independiente, el 19% por parejas y el 1% por hombres solteros.  Estos datos nos dan una visión clara de la importancia de la figura femenina en la economía y la sociedad actual y de cómo surge la figura de la mujer en cuanto a capacidad y talento.

A la luz de esta verdad, creo firmemente en una posible revolución gentil capaz de resucitar nuestra sociedad de las cenizas.  A ellas, las mujeres, que siempre han sido modelo de gestión doméstica y han menguado ángeles del hogar, les gustaría recuperar el papel de educadoras de la familia.  Una familia que también está trastornada en sus hábitos, pero más unida.  Las madres vuelven a tener la tarea de enseñar nuevas prácticas de higiene como solían ser … con más atención al medio ambiente.

La esperanza – pero también el compromiso – de todos es poder adaptarse a los nuevos hábitos de vida asegurando un equilibrio de derechos y deberes entre las personas, y entre las personas y el medio ambiente.

Todos tenemos nuestra parte en esta evolución.  Debemos estar preparados para afrontar la lenta reapropiación de la realidad, pero con más precauciones, nuevos roles y diferentes herramientas.  Démosle más confianza a las mujeres, ellas son las mediadoras de esta nueva era histórica: ¡apoyemos y amemos!

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